En ese momento, las luces hacían su aparición y el parque, que comenzaba a ponerse a oscuras, tenía un tenue brillo. Es curioso como en esta ciudad llena de smog, pintas en las paredes y gentes de malas intenciones, haya un -pequeño- gran lugar donde fuera de la pompa y dineros que exhiban los que viven por ahí, se pueda sentir tranquilidad y seguridad, tanta que tu ser se enfoque solo a disfrutar del ambiente o hacer sentir bien a la persona que esté a tu lado.
- …Ayer soñé algo
- ¿Ah sí? ¿Qué soñaste?
- mmm…mejor no te lo cuento
- Si vas a decir algo a medias, mejor no digas nada *sigo mirando las psicodélicas luces de la biblioteca*
A pesar de la oscuridad entrante, un tenue tono anaranjado -patrocinado por el otoño- se resistía a desaparecer, el cual era acompañado por un silencio sepulcral y armonioso.
- …Ok te lo diré, pero prométeme que no te vas a reir
- No te garantizo que no me ría, si algo me causa gracia me río. Lo que te puedo prometer es que no me burlaré
- *se queda pensando* está bien
El ruido de un vídrio rompiéndose en alguna casa cercana perturbó el buen silencio, como un presagio de lo que vendría.
- …soñé que…estaba vestida de blanco…y tú a mi lado dándome el SÍ
Me causó gracia, mucha gracia. Dentro de mí me estaba cagando de risa mientras una parte de mi cerebro recordaba que odiabas a los niños tanto que rechazabas la idea de tener uno; recordé también que muchas veces quisiste terminar la relación por motivos estúpidos (“…el que sigas viendo esos dibujitos me hace verte taaaaan inmaduro…”) e incluso recordé que si en ese momento estábamos conversando era porque “se te presentó la ocasión y tuviste suerte” para salir en ese momento, pero sobre todo, mis neuronas se pusieron de acuerdo para que un flashback troll aparezca y jodiera todo.
[flashback]
Un año atrás, una combi de la cual no recuerdo su ruta, solo recuerdo que fue una ruta larga, una persona diferente de la actual a mi lado, los dos durmiendo por el cansancio del viaje mientras las gentes subían y bajaban sin cesar. En eso te despertaste, y comenzaste a mirar la ventana, lo se porque yo también me desperté, pero mi rara -y mala(?)- costumbre de hacerme el dormido hizo que esa persona no se diera cuenta.
De pronto, sentí unos labios en mi mejilla, pero más que sentir a los labios, sentí el mensaje que me transmitían: un mensaje lleno de ternura, como si una madre besara a su hijo pequeño. Luego esos labios dejaron salir una frase, esa frase que quedó grabada en mi memoria y que se mantendrá ahí hasta el día que deje de existir…
“…Gracias por salvarme, no sabes cuanto te amo…”
Seguí haciéndome el dormido, pero nunca me sentí tan querido como esa vez. Aún recuerdo que tenía la piel de gallina y que, luego de dejar a esa persona en su casa, fuí a un rincón de por ahí y lloré desconsoladamente. Fue un llanto de alegría, como si ya hubiera cumplido todos mis sueños y me sintiera realizado.
Pero también recordé algo, recordé que en ese momento SÍ era inmaduro (y también estúpido). Y esa inmadurez fue la que hizo que no haya valorado a esa persona -que por si no te has dado cuenta era mi ex-enamorada *slowpoke*- tanto o más de lo que merecía ser valorada, lo cual hizo que se fuera, llevándose consigo una posible oleada de felicidad
[/flashback]
De pronto un poco de oxígeno entró a mi cerebro y ordené mis ideas tan rápido como pude.
- ¿No te habrás confundido?
- ¿Ah? ¿Por qué?
- Porque no creo que quieras casarte con alguien a quien ves después de tres meses
Miré al cielo, estaba estrellado, como pocas veces puede verse acá en Lima, y estaba con la persona que quería, pero no me sentía feliz. Algo no encajaba.
- El que no te haya visto en ese tiempo no significa que no te quiera, al contrario, la lejanía hizo que te quisiera más
Señorita, usted acabó de cortar uno de los cables de la bomba, lamentablemente para tu suerte ese cable no era el correcto.
- Pues bueno, siguiendo tu lógica, creo que yo también quiero quererte mucho más…quizás eternamente. Adiós.
Tomé mi mochila, me puse los audífonos y caminé. Si algo dijo, pues no lo escuché porque la música estaba haciendo su chamba. Solo me concentré en caminar, caminar hasta que me dieran ganas de llorar desconsoladamente, como esa vez, solo que ahora no habría alegría de por medio.